2. Movimientos sociales

Movimientos Sociales son acciones colectivas en las cuales la población alertada, formada y movilizada, a veces durante muchos años o décadas, para retar a los poderosos y a toda la sociedad para que aporten soluciones a problemas sociales concretos, así como que logren restaurar los valores sociales centrales. Los Movimientos Sociales son una herramienta poderosa para la gente común con la que pueden crear exitosamente un cambio social positivo, especialmente cuando los canales formales no funcionan y las élites se imponen obstinadamente.
Bill Moyer [1]

Gran parte de los cambios sociales positivos, el fin de la esclavitud, el derecho al sufragio de las mujeres, los derechos civiles para les afroamericanes en los Estados Unidos, son el resultado de movilizaciones organizadas por movimientos sociales. Podemos citar ejemplos de éxitos más cercanos a nosotres como los movimientos en contra de la energía nuclear que lograron en países como Austria, Bélgica, Alemania, Italia, Países Bajos, Suiza, y Estados Unidos [2] algunos éxitos parciales y significativos. La fractura hidráulica fue respondida por movimientos en su contra en países como Canadá, Bulgaria, algunas regiones españolas y, a pesar de la incomprensión social y la manipulación mediática, lograron algunos éxitos limitados. Más adelante me centraré en tres casos concretos de éxito. En contraste, es cierto que muchos movimientos sociales han fracasado en su empeño por mejorar nuestras sociedades.
Antes de entrar en profundidades, debemos aclarar sobre qué estamos hablando. De entre todas las definiciones posibles de movimiento social tomaré la propuesta por Srilatha Batliwala: un movimiento social “puede definirse sencillamente como un grupo organizado de personas que persiguen una agenda política común de cambio por medio de la acción colectiva. Por tanto, hablamos de movimiento social cuando nos encontramos reunidas las siguientes características:

  • Un grupo organizado visible de persones o integrantes;
  • Integrantes reunidos en organizaciones formales o informales;
  • Que muestran cierta continuidad en el tiempo (por ejemplo, un levantamiento espontáneo no es un movimiento per se, pero podría ser la base de uno);
  • Que se embarcan en acciones y actividades colectivas enfocadas en sus metas políticas;
  • Que pueden valerse de diversas acciones y estrategias: confrontación, acciones militantes (incluidas protestas violentas), protestas pacíficas o de no cooperación (estilo Gandhi), construcción de opinión pública o estrategias de gestión y defensa.
  • Que definen metas internas o externas claras para el proceso de cambio frente a diversos sectores.” [3]

O, según Jessica Horn: “La política de los movimientos sociales se forma a partir de la premisa de que la realidad es construida por la sociedad y que es tan posible como necesario transformarla para alcanzar la visión del movimiento de una sociedad justa y de las relaciones de poder equilibradas dentro de ella.” [4]

¿Por qué unos movimientos tienen éxito y otros fracasan? Como dice Randy Shaw: “El impacto central de la estrategia y táctica sobre los resultados de campañas para un cambio social muchas veces se ignoran. (…) Les personas que participan de forma activa por un cambio social reconocen que las tácticas o las estrategias elegidas, generalmente marcan la diferencia entre el éxito o el fracaso; no obstante, comentaristas externos al movimiento evalúan las acciones según sus resultados, prescindiendo de una visión del proceso que atienda qué estrategias o tácticas alternativas podrían haber conducido a un mejor resultado.” [5]

En este capítulo nos interesa abundar sobre esta cuestión concreta. ¿Qué estrategias, qué mecanismos hacen posible el éxito de un movimiento que suponga un cambio fundamental en nuestras sociedades?

La respuesta no es fácil, el cambio social es un proceso complejo con multitud de actores que defienden distintos intereses. No podemos establecer una teoría del cambio social que pueda explicarlo todo – como bien dice Charles Tilly, esto sería una Teoría de Todo. No obstante, sí podemos identificar algunos mecanismos causales que contribuyan al éxito de un movimiento social, así como identificar los ciclos o episodios de la dinámica de la contienda.

Felix Kolb, activista e investigador de movimientos sociales, dice: La “especificación de explicaciones causales de un cambio político generado por el movimiento es especialmente urgente porque los resultados políticos de los movimientos sociales son obtenidos a través de diversas acciones y factores en lugar de una causa de éxito seguro”. Y: “Los tres paradigmas principales de la investigación de movimientos sociales, esto es, la movilización de recursos, el framing, y la teoría de procesos políticos, son de poca ayuda en la identificación de estas causas porque todas fueron desarrolladas para explicar el surgimiento y desarrollo de movimientos sociales y no los resultados” [6].

Este manual no pretende desarrollar una teoría de los movimientos sociales – probablemente hay personas mucho más aptas para hacerlo que yo. El objetivo de este manual – y de este capítulo – es utilizar tanto las experiencias de activistas como los resultados de las investigaciones de movimientos sociales para ofrecer una caja de herramientas de la que extraer modelos manejables y útiles para activistas que nos sirvan para entender nuestro movimiento, y desarrollar estrategias y tácticas eficaces que amplíen nuestra perspectiva de éxito.

Hemos situado los movimientos sociales dentro de un marco de conflictos políticos y sociales, algo que me parece importante, porque en nuestras sociedades existe una imagen negativa del conflicto que nos invita permanentemente a ocultarlos y evitarlos. Muy al contrario, deberíamos entender el conflicto como algo positivo y necesario, un aspecto fundamental de nuestra existencia individual y colectiva. Esto nos permite optar por gestionar un conflicto de forma constructiva y sacar a la luz la multitud de conflictos ocultos y latentes presentes en la sociedad.

En la segunda parte del capítulo, presento tres ejemplos de movimientos sociales que no solo han tenido éxito, sino que resultan interesantes e inspiradores.

Continuamos con el Plan de Acción de Movimientos en sus múltiples aspectos. No esperes una receta del éxito, este manual te ofrece un modelo manejable y útil para activistas. La presentación del Plan de Acción de Movimientos incluye ejemplos, referencias a los tres movimientos exitosos presentados, y referencias a teorías de la investigación de movimientos sociales que estimo muy relevantes.

El final del capítulo presenta los cinco mecanismos causales del éxito para los movimientos sociales, es decir, mecanismos que un movimiento puede utilizar para lograr sus objetivos.

Nada de esto garantiza éxito. La vida social es compleja en extremo, no me atrevo a sostener “si hacemos esto, obtendremos tal resultado”. En las ciencias naturales esta causalidad funciona hasta cierto punto – cuando quemamos carbón sabemos que vamos a producir calor y dióxido de carbono – por suerte, esto no ocurre en la vida social. Aquí, nos tenemos que limitar al conocimiento de procesos, de mecanismos, de episodios y de probabilidades. No obstante, cualquier contexto es distinto y único; así, algo que ha funcionado en un contexto no necesariamente funciona en otro, aunque nuestra percepción nos indique que son situaciones similares.

A pesar de todas estas limitaciones, estoy convencide de que un mejor entendimiento de los procesos y mecanismos de los movimientos sociales nos serán de gran ayuda como activistas y aportará a nuestras luchas algunas claves para que estas resulten exitosas.

Movimientos sociales y conflictos

Los conflictos sociales son inevitables y la participación política a través de las movilizaciones da visibilidad a la confrontación de intereses.” [7]

Pedro Ibarra, catedrático de Ciencias Políticas que ha centrado su investigación en los movimientos sociales en el Estado español, dice: “Un movimiento social es una forma de acción colectiva, y la existencia de una acción colectiva implica la preexistencia de un conflicto, de una tensión que trata de resolver – haciéndolo visible, dándole dimensiones – esa acción colectiva. Pero – importante llamada de atención – no cualquier conflicto desemboca en una acción colectiva que toma la forma de un movimiento social.” [8]

Charles Tilly, investigador de movimientos sociales, también sitúa los movimientos sociales dentro de un conflicto político: “El conflicto político incluye todas las ocasiones 1) en las que algún grupo de persones realiza reivindicaciones colectivas públicas visibles sobre otros actores (reivindicaciones que si se cumpliesen afectarían los intereses de estas últimas) y 2) en las que al menos una de las partes afectadas por dichas reivindicaciones, incluyendo terceras partes, es un gobierno. Por lo tanto, el conflicto político abarca revoluciones, rebeliones, guerras, conflictos étnicos, movimientos sociales, genocidio, campañas electorales, la mayoría de las huelgas y cierres patronales, parodias públicas, incautaciones colectivas de mercancías, y muchas otras formas de interacción”. Y: “El conflicto y el cambio social se influyen mutuamente” [9].

Podemos decir que los movimientos sociales existen, o se desarrollan, porque existe un conflicto social. Los movimientos sociales no generan el conflicto, simplemente hacen visible lo que antes era latente, o permanecía oculto, o intensifican un conflicto soterrado y de baja intensidad. Muchos conflictos relacionados con la violencia cultural se caracterizan por permanecer velados u ocultos, apuntemos algunos ejemplos relacionados con el patriarcado, la gordofobia o la heteronormatividad. Otros conflictos ya eran visibles antes, la exclusión social y marginación de muches persones inmigrantes no causaron suficiente malestar social para que la sociedad, y mucho menos los poderosos, se vieran forzados a actuar.

No es posible gestionar un conflicto oculto, no importa que sea interpersonal o social. Si el conflicto permanece en la sombra, no podemos generar las condiciones necesarias para actuar sobre él. En caso de un conflicto oculto, lo mas importante inicialmente es sacarlo a la luz, hacerlo visible. En esto, los movimientos sociales son actores importantes, y muchas veces su tarea inicial pretende intensificar el conflicto para hacerlo visible, para dramatizarlo, en palabras de Bill Moyer. Cuando un conflicto es visible, podemos empezar a trabajar a gestionar la resolución del mismo. No obstante, las dinámicas del poder, y, sobre todo, el desequilibrio de poder entre los poderosos y la gente hace difícil o, literalmente imposible, encontrar una solución justa. Es por ello que cambiar las dinámicas de poder es otra tarea clave de los movimientos sociales. Esto es fundamental para que la resolución de un conflicto conlleve a una solución justa que satisfaga a la parte más desfavorecida de la población, y no a una mera pacificación que servirá para restablecer una aparente paz social y que volverá a ocultar el conflicto [10].

Dos herramientas imprescindibles para los movimientos sociales que permiten tanto hacer visible un conflicto como cambiar las dinámicas de poder son la concientización (concepto técnico procedente de la pedagogía de la liberación de Paulo Freire) y el empoderamiento que nos permiten cambiar la dinámica del conflicto y el equilibrio (o desequilibrio) del poder.
El siguiente gráfico muestra la dinámica de un movimiento social en conflicto en un contexto en el que podemos observar un fuerte desequilibrio de poder.

Como dice Diana Francis, en primer término el conflicto está oculto, el grupo oprimido, marginado o victimizado por el conflicto se abstiene de hacer oír su voz a pesar de la injusticia o violencia estructural. “Puede ser que permanezcan callados por la tradición, por falta de conciencia, o porque el desequilibrio de poder es tal que no existe ninguna posibilidad de que sus exigencias o solicitudes sean tomadas en serio” [11]. Según Francis, es necesario un proceso de concientización para que la percepción sobre dicha situación, junto con una evaluación precisa de las fuerzas con las que cuenta esta suerte de pre-movimiento entren en juego para cambiar la situación. Tras esta toma de conciencia, el movimiento social formulará “una meta común y una estrategia” que permita construir redes de apoyo mutuo y poder mediante la acción. Doug McAdam, Sidney Tarrow y Charles Tilly en su clásico libro Dinámica de la Contienda Política [12] hablan en primer lugar de un proceso de constitución de nueves actores polítiques y de nuevas identidades al que seguirá una movilización inicial y la acción colectiva innovadora.

Ilustración movimientos sociales y la transformación de conflictos
Movimientos sociales y la transformación de conflictos. Según Diana Francis y Adam Curle

Francis continua: “Con el aumento de su poder y su visibilidad, en el momento en el que hacen oír sus voces, estos grupos son vistos por los poderosos como una amenaza, esto forzará una fase de la confrontación abierta que será inevitable – una fase que podría incluir medidas represivas, incluso violentas, por parte de los poderosos, aunque el grupo oprimido haya optado por la noviolencia (…) En esta fase de un conflicto abierto las relaciones de poder entre las partes opuestas cambiarán como consecuencia de la confrontación en curso” [13]. McAdam, Tarrow y Tilly llaman a esto el mecanismo de “la certificación: la validación de los actores, de sus actuaciones y de sus reivindicaciones por parte de partes externas, especialmente de las autoridades” [14]. Es un proceso interactivo, conflictivo e imprescindible.

Es importante definir y construir les actores del conflicto, tras esto, es preciso el cambio de las relaciones de poder que permita al movimiento – a los grupos oprimidos o marginados – aumentar su poder relativo, su influencia para que sean reconocidos como interlocutores en un proceso de diálogo. Sin este cambio del equilibrio de poder no será posible un diálogo real, porque los poderosos no considerarán al movimiento social un interlocutor legítimo.

Como activistas de movimientos sociales precisamos conocer la dinámica de los conflictos, ser capaces de intensificar el conflicto de una forma consciente y constructiva, así como evitar el uso de la violencia y protegernos ante posibles respuestas destructivas. Es importante entender que la intensificación del conflicto creará o aumentará la polarización en la sociedad y, con seguridad, también dentro de nuestras comunidades. Esto puede causar contra-movilizaciones (como las reacciones que hemos visto en contra de la implantación del matrimonio entre personas del mismo sexo en Francia e Italia, liderada por la Iglesia Católica, o generalmente la contra-movilización conservadora en contra de los derechos trans*, de las que tenemos un ejemplo claro en las campañas de odio de HazteOír), o conflictos en nuestros pueblos. Un ejemplo paradigmático de esto lo tenemos en campañas de movilización contra las plantas nucleares. Por lo general, parte de la población de la localidad en la que está arraigada la central dependerán laboralmente de la misma, una campaña cuyo objetivo sea cerrarla entrará en colisión con los intereses de les trabajadores. Las estrategias que utilizamos, las formas de acción, comunicación, así como nuestro framing pueden tener un impacto importante sobre cómo se desarrolla el conflicto en la sociedad en general y en las comunidades más afectadas por el problema o más cercana geográficamente a los símbolos del conflicto (ej.: una central nuclear).

Hace años, durante una campaña de movilización en el Reino Unido contra la rehabilitación de la central nuclear en Hinkley Point logramos organizar un bloqueo de la central existente con cuatrocientas personas. Para preparar dicho bloqueo y la logística necesaria, un activista local nos cedió terreno para acampar cerca de su casa, a medida que el conflicto escalaba hacia niveles mayores de tensión, este activista local sufría una violencia expresa cada vez más agresiva y directa. Esto no se puede evitar, aunque sí podemos limitar el impacto sobre les activistas locales. Es preciso recordar que para elles el conflicto, con toda seguridad, afectará totalmente su día a día.

Es importante que al evaluar a les actores, sus necesidades y sus fuerzas se tenga en cuenta el aspecto del impacto del conflicto en todas sus dimensiones para le activista local. Al fin y al cabo, cuando le activista foránea se marche, le local seguirá conviviendo inserte en un proceso conflictivo. En el caso de Hinkley Point, les activistas no ocultaron su oposición o apoyo al movimiento social y establecieron claramente algunos límites a su propia actuación, por ejemplo no alojar a cientos de activistas en sus fincas.

Al mismo tiempo es importante entender que a veces no es posible o deseable limitar el conflicto, porque la injusticia es tan clara, tan violenta y están delimitados los responsables que el conflicto local es inevitable. Un ejemplo muy claro es el movimiento por los derechos civiles de la población afroamericana en los Estados Unidos durante la década de los 1960. Los poderosos locales en los Estados del sur de los EE.UU. representaban un papel importante del problema, de la injusticia, y resultaba imprescindible aumentar el grado de la tensión local.

No podemos evitar el conflicto, esto carece de sentido. Pero cuando entramos en conflicto tenemos que asumir una parte de la responsabilidad sobre cómo se desarrolla. Esto incluye pensar en el después, en el pos-conflicto y reducir daños que puedan complicar innecesariamente la convivencia tras la fase aguda del conflicto.

En ningún conflicto social podemos evitar generar o recibir algún tipo de daño. La represión por parte de los poderosos causará heridas, en ocasiones, un daño grave, traumático. Debemos contar con, algo simple, los recursos dirigidos a la represión por parte de los victimarios siempre son abundantes, mientras que los escrúpulos por emplearlos, por lo general, escasos. Las acciones del movimiento, aunque hablemos de acciones noviolentas, también pueden causar daños, con toda probabilidad más psicológicos que físicos. Por eso, después de un conflicto, tras un movimiento exitoso, es importante trabajar tanto en el ámbito social como en el personal los daños causados; aquí es preciso no descuidarse y emplear toda la creatividad posible en la búsqueda de soluciones inclusivas y en articular mecanismos como comisiones de la Verdad o Justicia Restaurativa. Además de los daños causados durante el tiempo de la confrontación abierta, probablemente existen muchas mas heridas y daños causados a lo largo de la fase del conflicto oculto, de la injusticia y la violencia estructural. Estos son otros temas importante para la fase del pos-conflicto: la verdad, el perdón, la dignidad de las víctimas de la injusticia y un proceso de reconciliación y/o de justicia restaurativa.

 

Notas

[1]    Bill Moyer: The MAP Theory of Social Activism. In: Bill Moyer et al: Doing Democracy. The MAP Model for Organizing Social Movement. New Society Publishers, Gabriola Island, 2001

[2]    Felix Kolb: Protest and Opportunities. The Political Outcomes of Social Movements. Campus, Frankfurt/New York, 2001

[3]    Batliwala, Srilatha: Cambiando su mundo: Conceptos y prácticas de los movimientos de mujeres, 2a. edición. Toronto: Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID), http://www.awid.org/es/publicaciones/cambiando-el-mundo-estudios-de-caso-sobre-conceptos-y-practicas-de-los-movimientos-de

[4]    Jessica Horn: Género y movimientos sociales. Informe general. Instituto de Estudios sobre el Desarrollo, Londres, 2013, http://www.anacaonas.net/movimientos_informe_bridge

[5]    Randy Shaw: The Activist's Handbook. A Primer for the 1990s and Beyond. University of California Press, Berkeley, Los Angeles, London, 1996

[6]    Felix Kolb: Protest and Opportunities. 2007

[7]    López, María Angeles Abellán: Liderazgo y empoderamiento colectivo: Una visión desde la Tradición republicana. V Congreso Internacional en Gobierno, Administración y Políticas Públicas, Madrid, 29 de septiembre - 1 de octubre de 2014, http://www.gigapp.org/index.php/publicaciones/catalogo?view=publication&task=show&id=1767

[8]    Pedro Ibarra: ¿Qué son los movimientos sociales? En: Elena Grau y Pedro Ibarra (coord.), Anuario de Movimientos sociales. Una mirada sobre la red. Icaria Editorial y Getiko Fundazioa. Barcelona, 2000.

[9]    Charles Tilly: Conflicto político y cambio social. En: Pedro Ibarra y Benjamín Tejerina (coord.): Los movimientos sociales. Transformaciones políticas y cambio cultural. Editorial Trotta, Madrid, 1998

[10]    Véase, por ejemplo: Diana Francis: Stages and Processes in Conflict Transformation. Apendice a Francis: From Pacification to Peacebuilding. A Call to Global Transformation. Pluto Press, Londres, 2010

[11]    Diana Francis, 2010

[12]    Doug McAdam, Sidney Tarrow y Charles Tilly: La dinámica de la contienda política, Barcelona, Editorial Hacer, S.L., 2005

[13]    Diana Francis, 2010

[14]    Doug McAdam, Sidney Tarrow y Charles Tilly: La dinámica de la contienda política, Barcelona, Editorial Hacer, S.L., 2005