Organizing: ¿para qué?

Organizing es para quienes con problemas. Resulta muy útil como herramienta, como arma, como medio. Pero también es un fin en sí mismo. Mientras nos estamos organizando nos situamos de nuevo como individuos porque aprendemos a hablar de manera que nos escuchen.

Si Kahn: Organizing. A Guide for Grassroots Leaders. NASW Press, 1991

¿Quién no tiene problemas? Aunque el organizing es “para quienes con problemas”, sirve principalmente para gente con problemas causados por las estructuras injustas de nuestras sociedades y requieren respuestas colectivas. De nuevo Si Kahn:

En el proceso del organizing empezamos a redescubrir nuestras propias necesidades y demandamos que sean satisfechas. Mientras lo hacemos, descubrimos de nuevo nuestras fortalezas, nuestras raíces, nuestro legado. Aprendemos la habilidad de cooperar, de la acción colectiva, del trabajo en común y de apoyarnos mutuamente. En este conocimiento y en esta experiencia se asienta el principio de la toma del poder de la gente.

El organizing introduce en el trabajo de los movimientos sociales la noción de poder. Saul Alinsky, considerado “fundador” del concepto del community organizing, se dejó inspirar por el sindicalismo, y dijo: “Como los sindicatos organizan sus federaciones, me gustaría organizar a los barrios”.

Podemos definir algunas claves del organizing:

  • Formar alianzas entre organizaciones, colectivos, grupos e identidades en un territorio compartido y lograr construir comunidad y poder.

  • Establecer demandas concretas realizables a corto plazo y, a la vez, mantener una visión, una noción de cambio social estructural y multiescalar que incluye perspectivas económicas, raciales, ecológicas, de género, etc.

  • Enfatizar el proceso completo, no dejarse llevar por las metas particulares, mantener una visión dual estratégica y táctica. El empoderamiento, la movilización centrada en las necesidades y los derechos de cada persona, el desarrollo de liderazgos para el cambio social son tan importantes como el éxito.

Aunque el organizing busca – en palabras de Saul Alinsky - “cómo organizarse de cara al poder: cómo obtenerlo y cómo usarlo” - no busca la toma del poder de las instituciones. Como dice John Holloway: “El problema del concepto tradicional de revolución no es quizás que apuntara demasiado alto, muy al contrario, lo hizo demasiado bajo. La idea de tomar posiciones de poder, ya sea poder gubernamental u otras más dispersas en la sociedad, no comprende que el objetivo de la revolución sea disolver las relaciones de poder, crear una sociedad basada en el reconocimiento mutuo de la dignidad de las personas. Lo que ha fallado es la idea de que la revolución significa tornar el poder para abolir el poder.” (John Holloway: Cambiar el Mundo sin Tomar el Poder. El Significado de la Revolución Hoy. Buenos Aires, 2002)

Si no hablamos de la toma del poder de las instituciones, ¿de qué habla el organizing cuando habla del poder? Cuando hablamos de poder, en la mayoría de los casos nos referimos a algo que se puede llamar poder-sobre, el poder de los gobiernos o corporaciones, el poder de dominación para imponernos aquello que los grupos privilegiados consideran conveniente. Pero el poder-sobre es solo una de las posibles formas de poder. Hay otras más adecuadas para favorecer el cambio social:

  • Poder-dentro: El sentimiento de una persona sobre su valor y conocimiento propio, la capacidad de imaginar, crear opciones y de tener esperanza. Incluye también el convencimiento de que cada persona tiene la posibilidad de influir sobre su situación de vida y cambiarla.

  • Poder-con: Encontrar una base común y crear conjuntamente una fuerza colectiva. El grupo permite juntar capacidades y conocimientos y generar dinámicas de apoyo mutuo. El poder-con está relacionado con el poder de la suma, el poder colectivo que construimos cuando nos juntamos con otras, cuando formamos organizaciones, redes y alianzas.

  • Poder-para: Nos centramos en la relación entre nuestro poder para alcanzar nuestros objetivos y las relaciones con los poderes dominantes. El poder para lograr objetivos y abrir la posibilidad a la acción colectiva para el cambio social.

El organizing nos sirve para construir nuestro poder-dentro, el poder-con otras y el poder-para el cambio social, así como, frenar y limitar el poder-sobre empleado por los poderosos. Es un medio para que la “gente con problemas” construya su poder, un poder horizontal y colectivo.

Junto a estas nociones de poder y de procesos, el organizing promueve el desarrollo de estrategias y tácticas eficaces para la gestión del conflicto con los poderosos. Partimos de la perspectiva de que sin asumir y enfrentar de forma creativa y viva los conflictos –con el ayuntamiento, una empresa de vivienda, con el gobierno central o con empresas multinacionales – no es posible, ni realista, un verdadero cambio social.

Para concluir, el organizing es para nosostras. Para todas – ecologistas, trabajadoras, feministas, personas trans, queer o lgb, para las marginadas y excluidas. Para nosostras que no hemos dejado de soñar en un mundo mejor, en otro mundo posible. Dice Timur Kuran: “Donde un pequeño grupo de presión fracasa en empujar un carro revolucionario en marcha, es posible que un grupo mejor organizado o, algo mayor, triunfará” (Timur Kuran: Now out of never. The Element of Surprise in the East European Revolution of 1989. World Politics Vol 44, No 1, octubre de 1991).

El organizing nos permite diseñar estrategias y tácticas para empujar el carro revolucionario sin perder el objetivo fundamental de construir otro mundo mejor para todas.

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