“Las protestas de vacaciones no paran las guerras” – 15 años después de las protestas contra la guerra de Irak

Marcha en Londres el 15 de febrero de 2003

15 de febrero de 2003:

A lo largo de 800 ciudades del mundo, entre seis y diez millones de personas se manifestaron contra la inminente guerra de Irak. Según otras estimaciones los hicieron entre ocho y treinta millones. En Roma, más de 2 millones; en Madrid, más de 1,5 millones; Barcelona, entre 1-1,5 millones; Londres, 1-2 millones; Sevilla más de 200 000…

Un mes después, el 20 de marzo de 2003, empieza la invasión de Irak con bombardeos aéreos, también desde bases militares en los países en los tuvieron lugar las mayores manifestaciones: desde RAF Fairford salieron los bombarderos B-52 de los EE.UU., con pocas excepciones sin problemas. Otros aviones de guerra de los EE.UU. partieron de España, Italia, y otros países de la OTAN. Este hecho se produjo sin ningún tipo de oposición directa por parte de la población que habían tomado las calles un mes antes. ¿Por qué?¿Para qué sirvieron aquellas manifestaciones multitudinarias?

En enero de 2004, durante el Foro Social Mundial en Mumbai, la activista de la India Arundhati Roy comentaba: “Fue maravilloso que el 15 de febrero del año pasado, en una espectacular demostración de moralidad publica, 10 millones de personas en cinco continentes marcharon contra la guerra en Irak. Fue maravilloso, pero no suficiente. El 15 de febrero cayó en fin de semana. Nadie tuvo que perder un día de trabajo. Las protestas de vacaciones no paran las guerras.

 

1. Recuerdo bien aquel 15 de febrero en Londres. Entre diversos colectivos orientados hacia la acción directa noviolenta preparamos un panfleto “A rough guide to war resistance” (Una guía aproximada de la resistencia a la guerra), y difundimos probablemente unas 10 000 copias. La guía mostraba la infraestructura militar que en el Reino Unido formaba parte de la guerra (como RAF Fairford, RAF Lakenheath, PJHQ Northwood a fuera de Londres), y proponía acciones directas noviolentas para “perturbar” la infraestructura militar – desafortunadamente aquella acción no tuvo demasiado éxito. Algunas de las acciones más significativas optaron por interrumpir el funcionamiento cotidiano de la maquinaria militar destinada a esta guerra, desafortunadamente, nada potente o prolongado.

Las protestas de vacaciones no paran las guerras”, dijo Arundhati Roy, y tiene razón. ¿Podemos imaginarnos entre uno o dos millones de personas marchando por las calles de Londres (Roma, Madrid, Barcelona, …) gritando “No a la Guerra” y al día siguiente de manera noviolenta solo el uno por ciento de estas “masas” ocupando una base aérea en Fairford, Aviano (Italia), Rota o Morón de la Frontera (España), y paralizando, al menos parcialmente, la guerra?

2. Los movimientos contra la guerra de Irak no habían sido preparados, carecían de una estrategia clara y su táctica no fue más allá de la movilización de masas, bien es cierto que se generaron manifestaciones cada vez mayores a gran escala que no se habían vivido con anterioridad. Pero más allá de eso, no sé si era el planteamiento era tan naif, o si realmente creían que esto sería suficiente para detener la guerra. En el Reino Unido se produjo la siguiente situación, había una mayoría de 80% en contra de la guerra. No obstante, no se realizó ninguna acción que realmente intentara, al menos, poner palos bajo las ruedas de la maquinaria de la guerra. De igual manera en Italia, España, … (En EE.UU. inicialmente la guerra gozaba del apoyo de la mayoría de la población, un contexto distinto de la mayoría de los países de Europa). No sorprende que tras el inicio de la guerra el movimiento colapsó rápidamente, aunque la opinión pública nunca volvió a apoyar aquella guerra. La consecuencia supuso una desmovilización y un desempoderamiento de muchas personas que habían empezado a involucrarse en este movimiento antibélico.

3. La maquinaria de la guerra – todo lo militar – es la esencia del Estado. Oponerse a una guerra en la que el Estado tiene un interés vital, ni Blair ni Aznar eran sólo “caniches de Bush”, tal y como rezaba un lema popular del movimiento anti-guerra, y pensar que ganar la opinión pública es suficiente para parar esta guerra era absolutamente naif. La opinión pública por sí misma raras veces es suficiente para el éxito de un movimiento social, menos aún cuando el tema afecta a intereses prioritarios para los privilegiados o a la misma esencia del Estado. Hace falta algo más que generar “protestas de vacaciones”.

4. Si hay una guerra sobre la se puede decir que las protestas antibélicas jugaron un papel importante en su finalización fue la guerra de EE.UU. en Vietnam. No obstante, en este caso, el movimiento no tenía como objetivo prevenir la guerra, sino acabar con una guerra ya en marcha desde los inicios de los 1960. A partir de 1967 una gran mayoría se opuso a la guerra, y en 1970 solo un tercio de la población de los EE.UU. pensaba que no era un error involucrarse en la guerra de Vietnam.

Junto a la opinión publica, se desarrolló mucha resistencia dentro de las propias Fuerzas Armadas: desobediencia, deserción, objeción de conciencia. La “GI Resistance”, la resistencia de los propios soldados, resultó un factor clave porque las autoridades militares no podían confiar en el cumplimiento de sus ordenes, y muchos oficiales de medio rango tuvieron miedo de sus propios soldados subordinados.
 

5. El contexto del movimiento contra la guerra de Irak era muy distinto. Este movimiento intentaba prevenir una guerra. En muchos países de Europa – sobre todo en Italia, Reino Unido y España – contaba con el apoyo de una gran mayoría de la población, algo imprescindible, pero no suficiente para ejercer el poder necesario para detener la puesta en marcha de la maquinaria bélica. Al menos en el Reino Unido las lideres de la Coalición contra la Guerra (Stop the War Coalition), dominada por la Socialist Workers Party (Partido de las Trabajadoras Socialistas - SWP), rechazaban las estrategias de desobediencia civil, y solo en las últimas semanas antes del inicio de la guerra se atrevieron a hablar de la necesidad de la desobediencia por la presión de la base del movimiento. No obstante, nunca llegaron a desarrollar una estrategia basada en la desobediencia o resistencia civil, y nunca construyeron los liderazgos necesarios desde abajo para llevar a cabo tal estrategia. No había formación en noviolencia, ni la formación más básica en técnicas de noviolencia. No había preparación para una más que probable fase de represión. Es más: las pocas iniciativas que estaban trabajando en esta dirección – la red Reclaim the Bases (Reclamar las bases), la acampada de paz de Fairford, entre otras – se veían marginadas por la Coalición contra la Guerra. Por lo que conozco, esto no era muy diferente en otros países de Europa.

6. ¿Qué se podría haber hecho con el apoyo de 80% de la población y unas estrategias basadas en el empoderamiento y la resistencia civil? Quizás no hubiera sido posible prevenir la guerra de Irak – sobre todo por el apoyo mayoritaria que tenía en EE.UU. - pero si habría sido posible sacar a algunos países de la “coalición de la voluntad" (coalition of the willing) liderada por Estados Unidos, sobre todo el Reino Unido, Italia, y España. Estoy pensando en acciones como Greenham Common durante los años 1980 y 1990 que casi hicieron imposible el funcionamiento normal de la base de misiles nucleares en el Reino Unido. Estoy pensando en bloqueos masivos (u ocupaciones) de bases militares utilizadas para la guerra. Estoy pensando en acciones “plowshares” de sabotaje noviolenta de aviones de guerra, estoy pensando en perturbar el abastecimiento de las Fuerzas Armadas, es decir, el envío de materiales militares desde los puertos navales del país propio. Además de estrategias de perturbación de la maquinaria militar, se puede imaginar estrategias de perturbación del funcionamiento normal de la sociedad (sentadas alrededor u ocupaciones de instituciones del Estado o de la economía, como la bolsa) o huelgas. Lo importante hubiera sido no solo decir “no a la guerra”, sino pasar de la protesta a la resistencia, del decir “no” a hacer imposible la ejecución de la guerra, o al menos aumentar el coste político para los poderosos.

7. Me gustaría que el 15 de febrero de 2018 no solamente recordásemos las grandes manifestaciones en nuestros países, aquellas movilizaciones sin antecedentes, sino que también reflexionáramos sobre el fracaso de las estrategias empleadas.

No obstante, no resultó un fracaso total. Aunque el movimiento contra la guerra de Irak no fue capaz de detener esta guerra, es muy probable que – al menos en Europa – si haya cuestionado e incluso paralizado otras guerras, como una guerra potencial contra Iran. Las movilizaciones del 15 de febrero de 2003 sí han contribuido a que nuestros gobiernos – en Europa – al menos durante un tiempo se mostrasen mucho mas cautelosos en sus ambiciones militaristas.

8. El “no a la guerra” sigue siendo importante, y quizás será mucho más importante en el futuro. Estamos entrando en una época de agotamiento de recursos de energía (fósil) barata, de minerales disponibles, de agua potable y de tierra cultivable. Es probable que volvamos a tiempos de guerra por los recursos disponibles. Para prevenir estas guerras no será suficiente decir “no”, por muy alto, claro y multitudinario que sea este “NO”, tenemos que desarrollar estrategias basadas en el empoderamiento y el organizing para hacer imposible o muy costosas políticamente las guerras del futuro. O nos organizamos, o la guerra formará parte, cada vez con mayor asiduidad y cercanía, de nuestro día a día.

Fuente
Internacional
“Las protestas de vacaciones no paran las guerras”